Madres que trabajan
En la actualidad surgen muchas controversias por las distintas opiniones que ofrecen el tema de la incorporación de la mujer al campo laboral, debido a que el primer rol que desempeña es el de madre, este exigido a través de los relojes sociales, ya que, a determinada edad la mujer debe tener su primer hijo, sin embargo a esto se suma la autorrealización que aspira como individua, terminar sus proyectos personales, aquí comienza la problemática en la vida familiar y laboral. Al responder al interrogante por qué trabajan las mujeres, se puede dar en tres aspectos, la necesidad económica familiar, la necesidad económica personal basada en el deseo de autonomía, con el consiguiente reforzamiento de su poder y de su rol en el núcleo de la familia, y como en tercer lugar aprovechar el tiempo que han invertido en su formación, lo contrario puede considerarse como un «despilfarro de vida», tanto desde el punto de vista laboral como personal y social.
Pero qué pasa con los hijos? El apego, la lactancia, compartir en familia, saber los intereses personales de los niños, amistades, entre otros, es una lista extensa si observamos las cosas que se van perdiendo con el tiempo por las demandas que como sociedad vamos adquiriendo, Ahora es muy diferente se visualiza como la excepción de la regla son las madres que no trabajan y todas las demás tienen ocupaciones, horarios de oficina, muchas profesionales con responsabilidades importantes, pero no por eso abandonan a sus hijos. Lo mejor para ellos, cuando no está la madre es tener en el hogar una buena sustituta. No es que un jardín de infantes o una guardería sean dañinos sino que el rol de madre se pierde un poco por estar demasiado repartido entre varias personas. No obstante, aunque la mayoría de las mujeres hoy trabajan, por alguna razón casi todas sienten algún tipo de culpa por dejar a sus hijos al cuidado de otras personas. Es probable que el mayor sentimiento de culpa lo sufran quienes han tenido a sus madres a su lado mientras fueron pequeñas y como es normal se hayan identificado con ellas. Pero sabemos que también se sienten culpables aquellas madres que fueron dejadas por sus propias madres al cuidado de otras personas y que ahora tienen que dejar a sus hijos porque también ellas trabajan.
Es indudable que los hijos con quien mejor están son con su madre, pero la vida ha cambiado, las mujeres estudian, se reciben después de no pocos esfuerzos, se casan y cuando tienen un título sería muy frustrante pretender que no les importa quedarse en casa.
Los cambios sociales exigen cambios psicológicos. Las exigencias modernas para vivir son mayores. Es por esto, si la mujer se siente bien con su trabajo y éste le aporta gratificaciones esta primera ruptura será difícil pero no traumática y aunque al principio haya una sensación de estrés y de no disponer apenas de tiempo libre, progresivamente se irán encontrando nuevas formas de organización. También se aprenderá a compartir responsabilidades con la pareja y se tendrá en cuenta un orden de prioridades que permitirá crear un nuevo clima familiar del que todos acabarán beneficiándose.
Hay que dejar de lado, por tanto, los sentimientos de omnipotencia, de pensar que lograremos fácilmente con todo: trabajo, hijos, pareja, casa, porque eso conduce a un agotamiento difícil de sobrellevar. Para aliviar el peso de la responsabilidad y sentirnos mejor.
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